Tany Pérez, vivir para el béisbol

Cuando comenzó el séptimo juego de la Serie Mundial de 1975 entre Boston Red Sox y Cincinatti Reds pocos pensaron que, quizás, Tany Pérez fuera el hombre indicado para darle un vuelco al marcador. No es para menos, el cubano arrastraba una racha adversa de 15 turnos sin conectar hit, incluyendo siete strikeouts. Pero sucede que el destino a veces pone de su parte.

En conteo de una bola sin strike, Tany agarró un lanzamiento en curva y puso la pelota a volar más allá de la barda con un compañero en base. Con este batazo se redujo la diferencia a una carrera. Cierto es que, a pesar de no poner la ventaja en el marcador, el impulso dado por Pérez a la llamada “maquinaria roja de los 70” mucho tuvo que ver en la conquista del título en la World Series por parte de la franquicia de Cincinatti.

Acostumbrado al ambiente del campo, Atanasio Pérez Rigal creció entre cañas y centrales en Cuba. Sin embargo, el amor por el béisbol y el empecinamiento de un niño decidido a tener un futuro dentro de los diamantes pudo más que cualquier zafra.

El prestigioso cronista de béisbol, Phil Cola, describe que Pérez “irrumpió con los Rojos como tercera base, pero su inicio en el béisbol profesional estadounidense fue errático: 31, 42 y 30 errores en sus primeras tres temporadas de ligas menores”. Finalmente, los Reds lo trasladaron a la primera base. Su carrera profesional comenzó con Ginebra en la Liga Clase D Nueva York- Pensilvania en 1960 y, dejando de lado los problemas, estaba claro que tenía una gran habilidad y un futuro promisorio.

Tany Pérez debutó en las Grandes Ligas el 26 de julio de 1964 con 22 años. Esa temporada solo vió acción en 12 encuentros y apenas tuvo 25 veces al bate. Sin embargo, al año anterior regresó y pudo completar 104 juegos en el mejor béisbol del mundo.


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No fue hasta la temporada de 1967 que Tany tuvo cierta regularidad en el equipo y resultó el Jugador Más Valioso del Juego de las Estrellas tras conectar el batazo decisivo y darle la victoria a la Liga Nacional nada más y nada menos que en el inning 15.

En 1970 tuvo su mejor año en las Mayores. Intervino en 158 juegos y consiguió pegar 186 hits, de ellos 40 homeruns. En total registró 129 carreras impulsadas y con línea de .317/.401/.589 ostenta una de las mejores temporadas para un cubano en todos los tiempos.

Desde el punto de vista del análisis estadístico avanzado, la zafra de 1970 en el caso de Tany Pérez dejó guarismos llamativos: En cuanto al poder aislado (ISO) acumuló estratosférico promedio de .273, muy por encima de la media ese año; además, el BPO de 1.052 demostró su inmenso aporte individual al equipo de los Reds y su utilidad dentro del campo, algo que también reafirma el exquisito BABIP, o promedio de pelotas puestas en juego de .348. No por gusto, varios años después, entró en el templo de los inmortales, el Salón de la Fama de Cooperstown.


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Luego de participar en cuatro Series Mundiales, y ganar dos de ellas, en siete años, Tony Pérez llegó a los Montreal Expos para jugar la temporada de 1977, donde inició una nueva etapa en su carrera profesional.

“El gerente general Bob Howsam creía que los Rojos eran tan buenos que ya no necesitaban el corazón y el alma del equipo. Envió a Pérez a los Expos el 16 de diciembre de 1976”, según refiere el citado cronista Phil Cola. Atrás quedaron 13 años con los Cincinatti Reds.

Con los Expos se mantuvo tres temporadas, al igual que con el Boston Red Sox y una con los Philadelphia Fillies, antes de regresar a Cincinatti, equipo con el cual comenzó y terminó su carrera en la Major League Baseball en 1986.

Una vida dedicada al béisbol, grandes logros, hazañas propias de un extraclase y otros muchos atributos, le valieron el grado para optar por un lugar en el Salón de la Fama del Béisbol. Su entrada al sagrado templo la obtuvo en el año 2000, tras acumular 385 de 499 votos posibles, para un 77,15 por ciento.

Autor: Alejandro M. Abadía Torres

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