Martín Magdaleno Dihigo Llanos, mejor conocido como Martin Dihigo, o simplemente, “El Inmortal”, aunque su tarja en el Salón de la Fama lo recuerda con el sobrenombre del “Maestro”, resalta a la vista de todos como uno de los mejores peloteros cubanos de todos los tiempos.


Nacido en la occidental provincia de Matanzas, desde muy pequeño sintió verdadera pasión por el béisbol, tanto así, que debido a la precaria situación económica de su familia, él mismo se procuraba sus propios implementos deportivos a base de palos y pelotas de trapo.


Su sueño de jugar a un alto nivel el deporte que amaba, se cumplió en enero de MIL923, al ser aceptado como tercera base en el equipo Rojos del Habana. De esta manera nació una leyenda, una historia de entrega y consagración que llevaba en la espalda el número ONCE.


Las espectaculares jugadas y los no menos impactantes batazos deslumbraron a los más escépticos, quienes reconocieron el talento y habilidad de aquel joven que brillaba lo mismo como pitcher que como jugador.


Sobre el diamante, no solo demostró el dominio de las nueve posiciones, sino también, hizo alarde de una exquisita paciencia, dicen los que le conocieron que nunca perdió el control de sí ante una mala decisión por parte de los jueces. Era de esos jugadores en los que su equipo veía a un líder.


Por el hecho de ser negro, El Inmortal nunca pudo codearse con jugadores de las Grandes Ligas, pero durante su carrera, compartió banquillo con lo mejor del deporte de las bolas y los strikes que había en países como Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y México. Además, sus llamativos guarismos le valieron para hacer el grado y brillar como estrella de la Ligas Negras en los Estados Unidos.


Martin Dihigo, el más versátil pelotero de su época, falleció un día como hoy del año Mil971 en el poblado cienfueguero de Cruces, rodeado de sus familiares y amigos, pero acompañado por una afición que no solo en Cuba saltó de sus asientos para aplaudir la grandeza de aquel maestro, de aquel inmortal.


Su nombre figura en el selecto grupo que integra el Salón de la Fama de Cooperstown, llenando de orgullo no solo a un deporte, sino a todo un país.

Por: Alejandro M. Abadía Torres

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