Cada aficionado al béisbol atesora uno o varios momentos que permanecen como hechos imborrables en sus recuerdos, por la emoción que sintieron cuando los vivieron.

Por supuesto, estas jugadas son también memorables para los simpatizantes del equipo que las realizó, no así para los aficionados del que las sufrió. Aunque hay algunas que fueron realizadas por nuestros atletas vistiendo el uniforme del equipo nacional y esas sí quedan en la mente de todos.

Así podemos recordar, entre otros, los cuadrangulares de Agustín Marquetti y Lourdes Gourriel en Nicaragua y Parma, respectivamente; el batazo de Lázaro Vargas también en Parma, las hazañas de Braudilio Vinent, el homerun de Antonio Muñoz en Japón y otras muchas.

En nuestro béisbol nacional de todos los tiempos, recordamos la victoria del Almendares en el campeonato 1946-1947, la victoria de los Sugar Kings en la pequeña Serie Mundial de 1959 y, sobre todo, el batazo que le conectó Marquetti a Rogelio García para concluir el campeonato de 1986.

Por desgracia para mí cuando se produjeron la mayoría de estos hechos, me encontraba trabajando fuera del país y no pude disfrutarlos directamente. Aunque comprendo el impacto de los mismos, no puedo sentirlo igual de quienes tuvieron la oportunidad de presenciarlos o lo vieron por televisión al momento de producirse.

Sí presencié la victoria del Almendares y de los Sugar Kings, pero el momento más emocionante que, como aficionado, he sentido en un juego de béisbol, lo viví durante las postrimerías de la 49 Serie Nacional de Béisbol.

Ese día jugaban en el Latinoamericano los equipos de Guantánamo e Industriales, estos últimos luchando por no quedarse fuera de los play-off. Por Guantánamo lanzaba su estelar Dailer Hinojosa, quien había dominado a los azules durante todo el desafío. Llegó la última entrada y casi todos los aficionados que colmaban el parque estaban de pie, pidiendo el último esfuerzo a los Leones, pues una derrota casi los eliminaría.

Con dos outs en la pizarra y un corredor en base vino a batear Stayler Hernández. En ese mismo instante salió del banco Yoandry Urgellés, que llevaba varias semanas sin jugar por una lesión y batearía de emergente si Stayler lograba embasarse. Cuando la afición vió al legendario “Tácata” salir del banco, el estadio se electrificó y todo el mundo comenzó a corear: ¡“Urgellés, Urgellés”! Aquello creó un ambiente de emoción tremenda, pero lo grande estaba por pasar.

Stayler aprovechó una recta de Hinojosa y le botó la pelota por el right field, dejando al campo a Guantánamo. La emoción que sentí en ese momento fue tan grande, que me tuve que sentar para tranquilizarme, pues hasta temblores me entraron. Nunca me había sentido así en un juego de pelota.

Ese batazo de Stayler fue como una chispa que prendió a los azules capitalinos y de ahí en adelante aseguraron su presencia en los play-off, ganando finalmente el campeonato en la 49 Serie Nacional, del año 2010.

La victoria industrialista provocó la explosión de júbilo más grande que he visto en mi vida, sobrepasó todos los cálculos. La gente comenzó a celebrar a las 2:30 de la madrugada cuando terminó el juego decisivo contra Villa Clara y no paró hasta altas horas de la noche del día siguiente.

Se llenaron las calles, creo que nadie trabajó ese día, los niños de las escuelas salían cantando, celebrando la victoria. La gente corría de una calle a otra para ver pasar a los campeones. La avenida 23, en el Vedado, se llenó de personas sin que nadie los movilizara. En fin, fue un día que nuestra capital nunca olvidará y difícilmente se dé la circunstancia para que se repita.

Por todo esto, el jonrón de Stayler, que también jugó un papel decisivo en el juego de la victoria frente a Villa Clara, quedará siempre grabado en mi corazón, como uno de esos momentos memorables.

Nota del editor: Este texto se incluye dentro del libro Desde el césped de mi estadio, cuyo autor, el querido Ismael Sené, falleciera el pasado año 2020. A él va dedicada esta entrega del Grupo Cubano de Investigación del Béisbol (G-CIB).

Por: Ismael Sené

1 pensamiento sobre “EL JONRÓN DE STAYLER

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